Érase una vez…., así comenzaban, la mayoría de los cuentos
infantiles que recuerdo de mi infancia. Aunque hoy, no voy a hablar de cuentos
infantiles, pero si, de una historia que se repite día a día, año tras años y siglo
tras siglo, en todo el mundo desde sus comienzos y que seguirá repitiéndose, por
los siglos, mientras el ser humano habite la tierra. Es la historia de un
primer amor de adolescencia, ese que nunca se olvida, el despertar de los sentimientos,
en la inocencia de la juventud. Ese que tantas ilusiones nos hizo sentir y por
el que juremos amor eterno. Ese amor que casi siempre se acaba perdiendo, que
solo vivirá en nuestro recuerdo para siempre.
Esta historia,
tiene nombre propio Vicente y Rufina, dos jóvenes ambos vecinos del mismo
pueblo, habían crecido a pocos metros el uno del otro. Al llegar a la adolescencia,
comenzaron a surgir los sentimientos entre ambos, hasta que llego el día en que
se declararon su amor y como tantos otros jóvenes, se juraron amor eterno, deseando
pasar sus vidas, el uno junto al otro. Este hecho hizo que el joven quisiera
plasmar, en forma de poemas, lo que su corazón sentía por la muchacha. Pero, el
destino, no iba a estar de su parte, los años pasaron y Vicente, se marchó como
voluntario a hacer el servicio militar, a otra ciudad y más tarde a otro país.
Mientras su amada permanecería en el pueblo, que les vio crecer, el mismo que
fue testigo de su amor. Quizás la ausencia del muchacho disminuyo el amor de la
chica, quizás los malos consejos que ella recibiera de sus allegados, ¿Quién sabe
que paso por la cabeza de Rufina, durante la ausencia de su amor?, lo cierto,
es que después de tantas promesas, ella no espero su regreso, comenzando las
relaciones con otro hombre, con el que pronto se casaría. Un año después la
joven moriría de sobreparto. Vicente su amor de juventud, sintió en el alma esa
perdida.
Esta historia de
amor adolescente, como tantas otras que sucedieron y otras que sucederán,
habría quedado en el olvido, de no haber sido protagonizada por un escritor, el
poeta, dramaturgo y editor murciano Vicente Medina Tomás y de su primer amor de
adolescencia por Rufina Crevillén. El poeta inmortalizo en sus obras este primer amor, que no olvidaría en toda su vida. Por eso hoy sabemos de su existencia, al igual que sabemos el sentimiento que le embargo, cuando se entero de la muerte de Rufina, este sentimiento lo inmortalizo en su libro, "Aires Murcianos", con su poema "Tóico".
Han pasado más de
cien años, desde que esto sucediese, ninguno de los que hoy leemos y conocemos, sobre estos personajes habíamos nacido, pero nosotros moriremos y
esta historia se seguirá conociendo por las generaciones venideras. Una
historia inmortal, como lo es la inmortalidad del escritor.
Tóico
Morenica
tenía la cara,
Negricos
los ojos….
Me espreció
por pobre,
Me tenía
en poco….
Pa saber
lo que yo la quería,
¡yo
solico, solo!
Pa ella,
yo, naïca…..
¡y
ella, pa mí, tóico!
Morenica
tenía la cara,
Negricos
los ojos…..
Ahora
es un pobre puñäo de güesos
Que está
enterraïco dentro de aquel hoyo…
Naïca pa´l
caso… naïca pa´l múndo…
¡manque
es, pa mí, tóico!
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