lunes, 2 de junio de 2014

Novalis


NOVALIS

A Toñi Arjona
¿Oh, Santa y bendita Noche!,
Ya el sol va muriendo
Como siempre por el oeste
Y aparecen las primeras sombras.
El cielo se ilumina
Con una tierna luna de plata
Que vuelve a traer el consuelo
A mi alma.
Pequeñas velas, las estrellas,
Iluminan el oscuro ardor del cielo.
¡Nueva Noche, se tan magnífica
Como las anteriores
Y devuélveme la paz y la dicha,
Y la calma y el sosiego,
A mi cansado y entristecido espíritu!

Dios creó la mañana
Para que la gente corriera,
Para que no llegáramos a tiempo,
Para que se escapara el metro de la línea seis,
Para que los coches tocaran el claxon,
Para perder la vida en un atasco,
Para que pudiéramos hacer
Sólo dos o tres gestiones.
Dios hizo la mañana para que las taladradoras
Sonaran con un estruendo maldito,
Para que el albañil trabajara de sol a sol
Y de vino en vino,
Para que gentes de traje gris o azul marino
Corrieran desenfrenadas por las calles
Llenas de ruidos con portafolios y teléfonos móviles,
Para que viviéramos la vulgaridad,
Para que fuéramos iguales
En nuestros distintos trabajos.

Pero Dios también hizo la noche que gozo
Porque mi amada reside en ella.
En la tranquilidad,
En el silencio nocturno,
Puedo leer un libro de versos,
Volver a ver un ballet cien veces visto,
Escuchar a Lully y Mozart,
Pasear junto al mar de la mano de mi amor,
Conversar relajadamente en cualquier terraza nocturna,
Mirar por la ventana como el mundo duerme.
Oir el sonido del silencio
Que es la suprema felicidad.
¡ Poder vivir!, ¡poder pensar
Sin que nadie me moleste o me distraiga!
Y hacer otras cosas sin importancia.
¡Qué deprisa pasan las noches!
Pero, ¡ay!, llega el siempre terrible amanecer
Y cuando quiero dormir
No puedo,
Y el dolor se hace perpetuo

Hasta la noche siguiente.


De su libro, " La Tarde Ensangrentada"


© Antonio J. del Puig. Todos los derechos reservados. All rights reserved.

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